Abstract de la conferencia “Cile le Voci dell’architettura”,
dictada por Matteo Sangalli, el 2005/01/21, en la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Milán.


Una "loca geografía", así Pablo Neruda define la variedad del territorio chileno. Un territorio caracterizado por la precariedad como consecuencia del riesgo sísmico y por la ausencia de una arquitectura precolombina. Así en Chile se ha desarrollado una arquitectura de pequeñas dimensiones, una forma mínima siempre atenta a la contemplación del paisaje y el valor de la luz en los espacios interiores del habitar.
Aquí se quiere demostrar el peso de la palabra en la arquitectura chilena en las obras de mayor importancia de la fase madura de la modernidad (tesis de F. Pérez, Los Hechos de la Arquitectura): “Es un hecho que la arquitectura, esa actividad aparentemente tan material y tan concreta, ha generado una actividad permanente de reflexión sobre sí misma. El esfuerzo de acumular ladrillo sobre ladrillo o piedra sobre piedra, dio lugar a un esfuerzo paralelo por poner palabra sobre palabra para esclarecer el sentido de esa actividad constructiva y abrirle nuevos rumbos.”

La idea es “construir” la exposición desde el punto de vista chileno; acercarse más a los hechos y exponer concretamente las metodologías de proyecto. Las tres partes que constituyen las voces de la arquitectura moderna chilena son:

- el pensamiento teórico de Juan Borchers y su cristalización en forma arquitectónica, la Copelec (Chillan, 1960-67, J. Borchers, I. Suárez, J. Bermejo);
- la Escuela de Valparaíso (Godofredo Iommi, Alberto Cruz) y su utopía del habitar, la Ciudad Abierta en Ritoque donde se proyectan los edificios y los espacios a partir de la palabra (poesía);
- la Iglesia de los Benedictinos (Las Condes, Santiago, 1962-64, M. Correa, G. Guarda), obra con un alto contenido espiritual donde la luz dibuja el espacio sacro.

Con el análisis de las obras y del pensamiento del cuerpo teórico se quiere evidenciar el denominador común de las tres principales corrientes de pensamiento: Borchers, la Escuela de Valparaíso (Godofredo Iommi, Alberto Cruz) y “Los hechos de la arquitectura” (tesis de Fernando Pérez y Alejandro Aravena). Es decir, amplificar los hechos de la vida tanto desde los espacios de los actos cuanto desde el cuerpo de los actos.

El edificio para la Cooperativa Eléctrica de Chillán, Copelec, constituye una cristalización del “estado de cosas” en que se encontraba el pensamiento teórico de Borchers: los conceptos de Proyecto elemental “...el proyecto mas simple posible, afirma la existencia de un hecho concluso; su signo caracteristico es que ningun otro proyecto elemental puede estar en contraddiccion con el” (J. Borchers, Institución Arquitectónica, Editorial Andres Bello, Santiago de Chile, 1968, pág. 52); la noción de acto; la serial apta, serie en base a siete centímetros (Meta Arquitectura, Mathesis Ediciones, Santiago de Chile, 1975); la busqueda de un Orden Artificial proprio de la arquitectura; la luz, que solia definir como la cuarta dimension de la arquitectura.

El proyecto, una obra colectiva y abierta –...”son obras abiertas. El plano de ellas significaba una combinatoria de unas cuantas figuras y proceso fundamentales algo que podia ajecutarse de varias maneras posibles sobre la base de una invariante” (J. Borchers, “Lectura de la obra plástica”, pág. 60) - se concibe como una serie de piezas articuladas que estabelecen relaciones formales entre sí. Volúmenes independientes, elementales, siguiendo la idea de hecho atómico expuesta por Wittgenstein en su Tractatus, que estabelecen relaciones formales entre sí.
Los hechos arquitectónicos se identifican aquí con estos proyectos elementales, que intensifican la volumetría del edificio en busca de ese estado de la fisica hecha carne que Borchers atribuía a la arquitectura.


Si he de expresar mi estrado de contemplación actual, correspondiendo a la visión presente, no titubear, en afirmar: la obra de arquitectura es sin más la vida misma.
(J. Borchers, Meta Arquitectura, Mathesis Ediciones, Santiago de Chile, 1975, pág. 15).

La Escuela de Valparaíso, el espacio de los actos. En este parque-laboratorio se analizan algunas obras que evidencian la tarea de la Escuela, además de la palabra de Alberto Cruz (La ciudad abierta: de la utopía al espejismo). La obra más representativa del pensamiento de la Escuela es la Hospedería del Errante (M. Casanueva, 1995-2000).



La Hospedería del Errante - figura que según Iommi es el poeta - la forma: el cubo ausente, matriz del proyecto que después se retira, desaparece para dejar solo una huella discreta en la forma, como los rastros en la arena se borran por la acción del viento (la Hospedería está construida en las dunas de Ritoque). La estructura de la Hospedería está concebida para controlar la fuerza: del viento, a través de su incorporación aerodinámica lo conduce largo las paredes exteriores y lo canaliza en las aperturas estudiadas en la galería del viento; y de la luz con el porticado construido para filtrarla hacia su interior. El proyecto está concebido por partes - tesis de l’arquitecto Orfebre - en 5 distintos laboratorios del último año de la Escuela, diseñado y realizado, con las propias manos, por los alumnos guiados por Manuel Casanueva.


La Iglesia del Monasterio Benedictino, el cubo de luz. El tratamiento de la luz es fundamental en esta obra. En el interior de la iglesia la luz, de origen natural, constituye y a la vez desmaterializa los volúmenes cúbicos, independizando los planos que los componen. Ingresa a través de aberturas que, por lo general, no son visibles; aparece reflejada desde los muros blancos, los que son iluminados superior, inferior y lateralmente. El espacio de la iglesia - marcado por una geometría elemental y despojada, vía de acceso a un mundo espiritual - se enriquece y se vivifica con las variaciones de la luz producidas a lo largo del día.
La geometría de los volúmenes, desde el ingreso, genera un recorrido procesional que va ascendiendo en espiral y se prolonga, exteriormente, en el acceso al campanario.
La luz, el recorrido, los materiales… todos ellos, en la iglesia, proponen un espacio místico moderno, en el espíritu de la fundación Benedictina.


La referencia, en este sentido, al texto de Alberto Cruz Covarrubias que acompaña la publicación de la capilla de Pajaritos, resulta obligatoria, ya sólo por la connotación que se le confiere al empleo arquitectónico de la figura del cubo en cuanto forma de ausencia.
En el proyecto de la capilla, la idea de Cruz fue la de construir un cubo de luz, un gesto mínimo, que no aparecía como forma en sí mismo, sino que destacara las formas de los actos desarrollados en su interior.